Una caricia en el hocico

Aún el más entregado de los esclavos tiene que ser recriminado de vez en cuando, pero este fin de semana me he sentido orgullosa de uno de mis juguetes.

Se dio el caso de una sesión improvisada con tortura genital incluida. El perro no estaba inmovilizado, así que podría haberse levantado de la mesa de torturas o simplemente cambiar de postura. Pero no lo hizo. Se mantuvo como si esas ataduras ficticias estuvieran ahí.

He de aclarar que esta mascota no es masoquista pero sí mi esclavo y, aún con los ojos llorosos, aguantó mis jugueteos sin un quejido, agradeciéndome después el haberle permitido hacerlo con dos regalitos que él sabía que me apetecía tener en mi colección de instrumentos de tortura.

Le dedico estas letras porque, aunque lleva un par de años sirviéndome y aún no lo había citado en el blog, hoy se ha ganado esta mención.

¡Buen perro, pathetic_clown! (Que no se te suba a la cabeza el halago, sabes que mi humor puede cambiar en cuestión de segundos) 😀

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