Sinceridad

El último rebuzno es acusarme de ser demasiado sincera. (¿Se puede ser “demasiado sincera”?). Ha sido muy gracioso, porque me lo decían en tono de reproche.

A estas alturas de mi vida tengo muy claro lo que quiero, cómo lo quiero y cuándo lo quiero. Y no tengo reparos en comunicarlo porque no soy mujer de andar con rodeos y perder el tiempo con enredos que no llevan a ningún sitio.

Una cosa es jugar con una pieza de caza dando zarpazos suaves o un salto hacia otro objetivo para confundirla y otra muy distinta es depredar con mentiras o siendo deshonesta, porque entonces no sólo perdería el tiempo sino que además, si mis bases no son firmes y claras desde el principio, me pasaría la vida gastando energía para nada.

Soy lo que soy y soy quien soy, lo dejo claro desde el minuto uno y si no interesan mis condiciones, como se suele decir: “ancha es Castilla”.

Tengo un gran ego (¿no se nota?) y muchas tablas en mi “haber” como para no saber distinguir al que pretende jugar conmigo sin más implicaciones.

No quiero cerca de mi a nadie que no lo desee. Y tampoco es mi estilo andar detrás de nadie,  prefiero (y estoy acostumbrada a) que me busquen a mi.

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