Día a día

No tengo un ritual repetitivo de sesión, soy bastante imprevisible y depende de lo que me inspire el esclavo que tengo en ese momento y del estado de ánimo.

Hay días que tiemblan los cimientos de la mazmorra y otros en que prefiero que me mimen: masaje, charla, pedicura o lo que me apetezca.

También consigo ese punto de tensión en el perro, que no sabe lo que se va a encontrar; a la vez que hago comprender a uno especialmente masoquista que no siempre serán las cosas como las desea.

Juego con lo que esperan de mi. El que todavía no me conoce se hace una idea de la CruelDama más sádica e incansable y… bueno, sí, también lo soy. Pero no me muevo por patrones preestablecidos sino por mis apetencias y preferencias.

Disfruto tanto de una sesión extrema como de tener un escabel calentito bajo mis pies mientras actualizo mi correo electrónico, por ejemplo.

¿Caprichosa? ¡Sí, mucho! 🙂

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