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La sociedad en general tiende a etiquetar negativamente todo aquéllo que no entiende. Por mi parte ningún problema, me fascina la clandestinidad, potencia el morbo por “lo prohibido” y añade salsa a esa complicidad incomparable que establezco en mis relaciones.

Pero es curioso que los sumisos, por ejemplo, estén tan mal vistos en los tiempos que corren. No digamos ya los esclavos, que parece que la simple palabra es una blasfemia imperdonable.

He oído todo tipo de críticas malintencionadas, pero la opinión general es bastante deplorable. Son tildados de carecer de opinión, de ser seres completamente dependientes y son comparados a adeptos a sectas destructivas.

¿Dónde está todo eso, que no puedo verlo en los míos?

Ejerzo el control de cada uno de mis perrillos, pero no están pegados a mi cada segundo del día. Todos tienen sus vidas aunque estén supeditados a mi. Tampoco me gusta que me lo dén todo hecho, prefiero ir entrando en una mente, apropiándome poco a poco de lo que encuentro allí y manipular a mi antojo. De nada me sirve un ser inerte o un autómata ¡qué aburrido! Y tampoco me sirve cualquier títere que aparece, me gusta crear mis propias marionetas a mi manera 😀

Y, en definitiva, ¿dónde está el escándalo si tanto el esclavo como yo disfrutamos de nuestra relación?

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