Lágrimas

Algo que me encanta en determinadas situaciones, son las lágrimas de un esclavo.  Gemidos, lágrimas, ruegos… reales, nada de ficción.

Lágrimas de humillación, de dolor contenido y hasta de un vano intento de manipulación emocional por su parte (que se intensifican cuando comprueba que no obtiene lo que desea).

No hablo de lagrimitas de cocodrilo ni de lloriqueos infantiles por cualquier cosa. Llevar a mi perro al llanto, jugar con sus emociones, forzar límites psicológicos, hacerle sentir indefenso aún sabiéndose “protegido”, me proporciona una sublime sensación de poder que disfruto enormemente.

El llanto de un esclavo es indicativo de un fuerte sentimiento, ya sea de miedo, de incertidumbre, de emoción desbordada o de temor ante la posibilidad de forzar un límite delicado.

Sea como sea, sin teatros, sin exageraciones, sin dramas, unas lágrimas reales en ciertos momentos me excitan.

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