Realidades

La mayoría de los que me buscáis tenéis pareja estable, hijos, responsabilidades. Asi que no os queda más opción que vivir vuestra esclavitud como una segunda vida al margen de la pública. Y sé que separar ambas a veces puede resultar complicado y estresante.

Pues bien, admito que me produce un placer indescriptible que sufráis para ocultar vuestra relación conmigo, que os esforcéis por inventar excusas, por ocultar esa pequeña marca de nuestro último encuentro, por camuflar algún cargo de la tarjeta de crédito, por disimular una conversación telefónica peculiar…

Y sé que también tú lo disfrutas. Ese peligro de estar a un paso del desastre te excita y esa angustia controlada te hace sentir vivo de nuevo.

No puedes negarlo, esclavo, soy tu fruta prohibida y cuanto más me introduzco en tu mente, más feliz es tu vida (y la mía).

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