Una llamada de atención

Ya he hablado antes sobre las nefastas consecuencias del orgullo y la prepotencia en un esclavo. No es fácil doblegarlo cuando nunca antes ha tenido que hacerlo de verdad (las pantomimas ocasionales de humildad no cuentan).

Considero completamente fuera de lugar el que se permita el lujo de cuestionar las decisiones de su Dueña y mucho menos que se atreva a ir dejando rastros de críticas y provocaciones. Hay momentos en que se le permite una conversación libre, donde puede dar su opinión (aunque el Ama se reserve la última palabra), pero el esclavo tendrá presente cuál es su sitio en todo momento.

Hay esclavos que en su vida cotidiana (trabajo, familia) están acostumbrados a tener el control y les cuesta asumir que, una vez entregan el poder a su Ama, por más dominantes que sean con los demás, ante Ella tienen que cambiar el chip. El Ama no va a llevar la relación como tú deseas que la lleve y las cosas no serán como tú deseas que sean. Has aceptado unas condiciones y a ellas te atendrás.

Si yo digo que una mesa es de color blanco, por más que mi esclavo la vea verde y, aunque le haya permitido darme su opinión sobre el color de la mesa, la mesa será blanca desde ya y se referirá a ella como ‘la mesa blanca’.

Me considero justa en mis decisiones y también a la hora de aplicar un castigo o un correctivo. Los castigos ejemplares los reservo para situaciones absolutamente intolerables. Pero también existen, así que lo mejor es pensar antes de ladrar.

Habéis acertado, este post tiene destinatario 🙂

1 Comment

  1. Estoy con usted Señora, un buen sumiso ha de dejarse guiar por su Dueña y ver el mundo a través de los ojos de su Guía.
    La labor de un sumiso no ha de ser cuestionar las decisiones de su Ama, más bien acatarlas
    A sus Pies
    “el educado”

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