FemDom hasta en la compra

Sé que os gusta que cuente anécdotas que me pasan o me han pasado, así que os hablaré de un esclavo que lleva ya cerca de cinco años conmigo.

No lo encontré en un chat ni en una red social, ni siquiera por mi web. Tan simple como una tarde en un supermercado.

Iba atareada y absorta llenando el carro, con prisas (odio hacer la compra) y en el puesto de verduras había un chico guapo con cara de malote inspeccionando unos calabacines. Confieso que a veces me gusta poner en un apuro a alguien para observar sus reacciones, así que me acerqué a él y le dije: ¿Qué vas a hacer con eso, ricura?

Se quedó paralizado, rojo como un tomate y no sólo no contestaba sino que bajó la mirada. Así que lo siguiente que le dije fue: Hoy no es buen día, mañana aquí mismo a esta hora. Y me fui para seguir con mi compra.

Al día siguiente estaba allí, en el mismo sitio y a la misma hora.

No es que me comporte así habitualmente, ni siquiera me voy fijando en la gente que hay a mi alrededor, pero hay cosas que son evidentes aún mirando de soslayo. Hay una cajera que… pero esa es otra historia 🙂

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