Fin de semana en el campo

Es tiempo de vacaciones y eso se nota. Tanto en la ciudad como en el tráfico de internet hay mucho menos movimiento, aunque sé que mis incondicionales siempre encontráis un momento para leerme.

Pero hoy estoy un poquito cansada. Estoy en un pueblo de la sierra y anoche salí hasta tarde, así que ahora la juerga me pasa factura. Sin embargo, como se suele decir, que me quiten lo bailado.

Y nunca mejor dicho, ya que me lo pasé estupendamente rechazando divertida todas las invitaciones a bebidas que me hacían los ligones del lugar y observando los rituales de apareamiento de los vainilla: hombres adoptando la actitud que se les presupone para conseguir que una mujer le conceda sus “favores” y mujeres coqueteando con risitas, permitiendo o rechazando los avances de los machos.

Lógicamente, no acostumbro a dar explicaciones sobre mi condición o rol, pero creo que, en cierto modo, y aunque no sepan nada del tema en cuestión, hay cosas que se perciben. O quizá no. Tal vez la huida de los que intentaban un acercamiento se deba simplemente a mi actitud cortante cuando empezaban a molestarme.

Sea como sea, fue divertido hacer algo distinto, pues rituales aparte, había gente encantadora con la que charlar 🙂

2 Comments

  1. La vida cotidiana tiene estas cosas, y la gente tampoco tiene por lo general nuestro sentir como para dar nivel a esos encuentros que comenta usted, Cruel. Si se encuentra alguien para charlar un rato distendidamente, pues ni tan mal no?. Bueno, mejor el regreso a la vida habitual en el BDSM después. 🙂

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    • Sí, claro, eso dice el post 😉

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