Empezar por los detalles

Es sorprendente cómo caemos en los convencionalismos en los que nos han educado sin siquiera darnos cuenta. A veces actuamos como se espera de nosotros por inercia.

La sociedad va evolucionando, pero en el subconsciente colectivo persisten esos “detalles” tradicionales. Sigue existiendo un sexismo palpable en prácticamente todos los campos, desde la publicidad a los comportamientos sociales. Sin embargo, aunque no me rijo por dichos convencionalismos, hay momentos en que adopto determinadas normas sociales, sin rigideces, por una cuestión de respeto hacia los demás, aunque considero que sería bueno modificarlas.

Podría ser que, como FemDom, percibo esos tintes claramente despectivos hacia las de mi sexo en el día a día. Expresiones como “seguro que quien conduce ese coche es una mujer” cuando ese coche estorba la fluidez del tráfico, o “esa es una guarra, se acuesta con todos”, cuando si lo hace un hombre es un “machote” y se le aplaude el mismo comportamiento.

La sociedad es androcéntrica, toma al hombre como medida y prototipo, se centra en las necesidades del varón y todo gira a su alrededor. Es la construcción social que ha primado a lo largo de los siglos, aunque las cosas van cambiando lentamente.

En nuestro idioma, sin ir más lejos, al referirnos a un grupo de gente, si son diez mujeres y un hombre decimos “vosotros”, “ellos” y no “vosotras”, “ellas”, aún habiendo inmensa mayoría femenina.

No voy a hacer una tragedia de estos detalles, que tengo más que hacer que buscarle tres pies al gato, pero es bueno reconocerlos y personalmente procuro reeducar a los míos en el respeto hacia el sexo femenino.

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