Peinando la vida

Reconozco que soy muy perfeccionista y sé que no es fácil seguir mis procesos mentales.

Si hago algo, es por una razón y, aunque no siempre hay finalidades a largo plazo, me voy abriendo camino paso a paso. Sé donde piso y, cuando he afianzado un paso, voy a por el siguiente.

Mi comportamiento puede parecer extraño desde fuera si el que observa no puede ver más allá de uno o dos de mis pasos pero, cuando tengo un objetivo, voy a por él.

Sé lo que hago y cómo lo hago, capeo los imprevistos y, cuando se cruza en mi trayecto algo que no entiendo, lo estudio, lo analizo y lo llevo a mi terreno para salvar ese obstáculo.

No estoy diciendo que yo sea más inteligente que nadie, en absoluto, simplemente lo que ya he dicho, que sé lo que hago.

No necesito repetir constantemente que llevo años haciendo tal o cual cosa (aunque sea cierto) pues, en mi opinión, aunque la experiencia es muy importante, no dejo de aprender cada día y aplicar lo que voy aprendiendo.

Una tarde que tenía prisa fui a una peluquería cercana a mi casa para acabar cuanto antes. El dueño del establecimiento me discutía que lleva 40 años peinando a mujeres y yo, sonriendo, respondía que no dudaba de sus palabras, pero que yo sé exactamente cómo quiero que quede mi pelo y cómo deseo que sea tratado. Al final salí de la peluquería sonriendo y con tal desastre de peinado que tuve que arreglarlo yo misma en casa.

No hay moraleja, simplemente sé a qué peluquero no volveré jamás porque no hizo las cosas como yo deseaba para obtener los resultados que yo exigía. Es un ejemplo, sólo eso 🙂

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