No nos engañemos

No sé si será por la edad, por el hartazgo de tonterías o porque mi paciencia ya no es la que era pero no necesito sumi-divas, rebeldes ni personajes que pierdan mi tiempo con pamplinas.

Puedo comprender la indecisión y el miedo, siempre que aparezcan en un principio, que es muy sano cerciorarse de con quién se habla y en qué manos os vais a poner, pero lo de marear la perdiz hasta el infinito es algo con lo que no transijo.

Doy oportunidades y permito que me conozcan, pero no voy a estar a la expectativa eternamente, pues si alguien no decide entregarse tras un tiempo de contacto constante, nunca lo hará. Y mis ocupaciones no son pocas como para que todo quede en conversaciones interminables.

Lo de los sumisos rebeldes es algo que me causa un rechazo considerable. No necesito en mi vida más retos que los que yo misma me pongo. Es comprensible que haya sumisos que no tengan claro su rol, pero si necesitáis recurrir a provocaciones para que se fijen en vosotros, acabaréis con la persona menos adecuada. A no ser que lo que buscáis sea precisamente eso, jugar sin ningún tipo de compromiso, que también es muy respetable, pero en ese caso deberíais ser sinceros con los demás para que, quien desee algo más que jugar, mire hacia otro lado.

Lo de los y las sumi-divas es algo que parece proliferar con los años. Quizás internet ha sido un buen caldo de cultivo para este tipo de modalidad. Y estoy segura de que todos conocemos casos.

Es estupendo tener personalidad propia y saber lo que deseamos, pero un sumiso es el que se somete, no el que domina, exige y lleva la relación D/s, ¿verdad?

En fin, acepto la diversidad y creo que las diferentes maneras de ver y hacer las cosas enriquecen nuestro mundo, pero en mis relaciones las cosas se hacen a mi manera 😉

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