Erase una vez…

Un día alguien, buscando salas de chat para dar un poco de salsa a su aburrida vida cotidiana, encuentra a otros que hablan de algo llamado BDSM.

Al principio se asusta un poco ante la mención de sadomasoquismo (hay gente tan rara por internet… ), pero algo consigue atrapar su atención, le atrae “probar” un poquito de esas mieles prohibidas de forma totalmente anónima, con un simple nick que ni siquiera piensa registrar, o con otros mil nicks diferentes con los que puede fisgonear sin que su identidad se vea comprometida.

Observa a los usuarios, pero está fascinado con toda una serie de reglas y comportamientos que, los que parecen más entendidos, respetan a rajatabla e incluso exigen a los demás.

Su mente vuela y sus genitales responden de manera sorprendente ante la posibilidad de lo prohibido, pero no se atreve más que a algún que otro intercambio de privados con otros curiosos calentorros y que no se repiten tras la oportuna eyaculación, aunque a veces alguno es bastante torpe y tiene que recurrir al onanismo solitario tras ese privado fallido.

Pero todo un mundo nuevo se ha abierto a sus ojos y decide investigar. ¿Cuál es mi rol? ¿Tengo rol? ¿Por qué me tratan de usted si yo no he dicho nada? Cuando se informa de que la inicial en mayúscula es indicativo del rol Dominante, prueba a entrar con todo su nick en minúsculas, a ver qué pasa.

Le gusta dejarse hacer, que otros tengan la iniciativa, pero se da cuenta de que con la mayúscula lo reciben con más educación. Y así va probando hasta que se inventa a su personaje con toda una serie de detalles pues, ya que ahora es un experto, jugará con clase y dejará anonadados a todos esos pardillos que llegan nuevos sin saber qué es un Dominante, ¿qué se habrán creído?

Y así nace un MegaMaster virtual, que defenderá a capa y espada su naturaleza Dominante, pero que tendrá que apagar el ordenador cuando su mujercita lo mande a la cama, que llorará por las esquinas porque llevaba dos horas intentando hacerse con una sumisa y, aunque estaba dispuesto a ponerle su collar, ella desapareció, que se arrastrará en los privados de más de una Dómina cuando se tercie y que, cuando vuelva de su alejamiento temporal de su campo de juegos, volverá como un erudito al que hay que rendir pleitesía.

Y colorín colorado… 😉

2 Comments

  1. Conozco tantos de esos…
    Pero lo peor ocurre cuando una chica inexperta o con necesidades acepta ser su sumisa, deslumbrada ante la posibilidad de ser sometida por el Gran Master, que por supuesto cultiva el BDSM ético, sano seguro y consensuado.

    Y despues aparecen sus fotos, con heridas , escoriaciones y huellas de maltrato. Ya es tarde.

    Justamente en estos dias en Buenos Aires, mi sumiso , unas cuantas Amas amigas y yo estamos lidiando para desenmascarar a un par de estos personajes. Rufianes de la peor calaña.

    Como siempre, un placer leerte y ademas una constante fuente de inspiración

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    • Ciertamente, mi querida Mistress Roxy, hay casos delirantes. Mucha suerte con vuestra cruzada y un abrazo para ti.

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